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miércoles, 28 de marzo de 2007

Mis primeras fotos

Como todos saben, mi historia es la de un gato que amasó fortunas. Y lo hice desde una pobreza franciscana, con frío y hambre en la puerta de casa.

Una de las consecuencias de esa pobreza es la calidad de mis primeras fotos. ¡Era tan mala la cámara! Por suerte con mi colaboración mis padres compraron una que saca mucho mejor. De todos modos cumplo con la obligación de mostrar las imágenes existentes, donde aparezco un poquito orejón en el patio donde pasé mis primeros tiempos, hasta que de a poco me fui ganando la confianza de mis padres, y me dejaron salir al pasillo y terreno. Estas fotos son de enero de 2005. Tenía seis meses.

En el patio trasero jugaba con los bonsai y otras plantas más grandes. A veces escarbaba en las macetas para ver qué había adentro de la tierra, pero nunca para usarla de baño, porque estaba muy conforme con mi bandeja de piedritas.

Después papá me trajo una planta para mí solo, para que pudiera masticarla y escarbarla. Acá se ve a la derecha, detrás de mí. No era una planta fina, era un pasto que había sacado del terrenito a donde tanto deseaba ir, pero lo tenía prohibido porque creían que podía perderme o ser atacado por los perros de los vecinos.

Esa planta fue una de mis primeras cosas. Luego de mi cajón de manzana que usaba de cuna y mi bandeja sanitaria, creo que la planta fue la tercera cosa que me dieron sólo para mí. Hoy en lugar de esa gramilla hay una planta de café que cuido mucho, aunque a veces sin querer me caigo encima y le corto alguna ramita. Esa planta de café está en el cantero de Dorita, mi hermana tortuga, de quien ya voy a hablar también, porque fue mi primer juguete, en mis primeros tiempos irresponsables en esta vida tan intensa.

lunes, 5 de marzo de 2007

Así llegué a casa

Hablar de mi infancia es un tanto confuso y nebuloso. Sólo contaré lo que recuerdo, y es que el 21 de noviembre de 2004 una gente nos abandonó a mi hermano y a mí en una oscura calle de Corrientes, no lejos del centro de la ciudad.

Estábamos librados a nuestra propia suerte, y mi hermano fue el primero en tenerla y alguien se lo llevó. Como yo era el más feo y no estaba muy bien alimentado me quedé en la vereda, con hambre y frío, pidiéndole a todos que alguno me llevase.

Asustado, atravesé una puerta de rejas que afortunadamente no tiene vidrios. Serían las seis de la tarde cuando vi a una mujer acercarse desde el fondo del pasillo, era mamá. Venía a buscarme. Me alzó y enseguida me acomodé en sus brazos tibiecitos. Me llevó a casa sin dudarlo.

A partir de entonces me acuerdo de todo. Como papá estaba en Rosario por un congreso de la lengua española con sus hijas Amarillo y Chichón (ya hablaré de mis medias hermanas), mamá se hizo cargo durante más de dos semanas de mis cuidados y atención.

En esta nueva casa había mucho espacio y pocos seres, eso me gustó. Unos días más tarde me percaté de que en el patio vivía Dorita, una tortuga que es mi hermana, pero sospecho que debe ser adoptiva, porque no nos parecemos en nada.

A unas cuadras de esta casa había tiempo atrás unos gatitos muy chiquitos y tristes. Mis papás les compraron alimento y solían llevarles. Esto me lo contaron, yo no había llegado aún. Con el tiempo esos gatitos no estuvieron más, el alimento se guardó y fue lo primero que me ofreció mamá al llevarme a casa.

No me gustó, no era lo que quería. Por suerte ella, que me conoce como una madre, me ofreció yogur de frutilla, que tomé con deleite.

Luego dormí en mi primera cuna, un cajón de manzana muy cómodo. Me di cuenta de que a poco de llegar a esta casa, mi situación económica había mejorado notablemente. Dormí al lado de mamá al lado de la computadora, desde donde le avisaba a papá sobre mi llegada. Leyendo ese chat supe que ella creía que era una gatita, pero no, nada que ver. Soy el Tomaso, aunque todavía no tenía nombre. Mamá me filmó mientras dormía. Algún día voy a compartir con todos mis amigos esas imágenes.

Pese a que ella nunca había tenido gatos se las arregló bien para cuidarme ese tiempo. Me hacía dormir en el patio en mi cajón de manzana, debajo de la mesada del parrillero, donde me guarecía también cuando llovía. Al día siguiente tuve mi propio baño, que no era tan lindo como el que tuve después. Por ahora eran unos diarios con una montaña de piedritas encima. No tardé mucho en aprenderlo a usar. Nunca había tenido uno, y éste me gustó, claro que sí.

domingo, 4 de marzo de 2007

Yo soy Tomás

Aunque soy el gato más famoso y admirado del vecindario, muchos de mis amigos viven en comarcas lejanas, y a ellos principalmente les dirijo estas palabras. Porque aunque hayan escuchado de mí, es posible que mucho de eso sea mentira, seguramente es menos de lo que yo valgo.
Y en este blog voy a hablar sobre mi vida, a compartir pensamientos, fotos, videos y audios sobre mis intensos días. Lo digo yo, Tomás, conocido como El Tomaso.